Por: Alexandra Iserte.

Ayer platicaba con otro talentoso Chef de la Riviera Maya y me comentaba que a veces es difícil escoger entre la carrera y la familia.

Me hizo reflexionar, pues bien es cierto que como cocineros tenemos que pasar mucho tiempo entre fogones, turnos dobles, días festivos trabajados y demás. Cómo olvidar el sin fin de veces que tuvimos que dormir en el salón de banquetes para esperar la siguiente jornada, “descansar” un par de horas en el coche o hasta pedir morada en casa de un amigo que viviera más cerca de donde sería el evento.

Sin embargo, todo sacrificio tiene su recompensa y está científicamente comprobado. Hay estudios que afirman que para dominar un arte u oficio se necesitan más de 10,000 horas desempeñándolo. Hagan la cuenta y estoy segura que muchos seguramente ya llegaron a la meta y hasta más allá. La buena noticia es que una vez que se domina algo es más fácil hacer cualquier otra cosa en la vida. Tiene sentido. Nuestro cerebro ya sabe por todo lo que hay que pasar, ya sabe la ruta y es menos complicado lograrlo. Eso se llama experiencia. Y es que el arte culinario se trata de adquirir esa experiencia a través de la combinación de la práctica y la teoría. Ésta última es la brújula que nos da la dirección y la práctica es lo que nos da la destreza.

Yo en particular no fui una de esas personas que nació con “cuchara en mano”.

Ciertamente hay muchos virtuosos que desde muy temprana edad tienen definido su camino. Lo que siempre tuve claro es que yo iba canalizada hacia lo creativo. Tengo cierta facilidad para el dibujo, la pintura y el baile. La cocina siempre me llamó la atención pero fue algo por lo que tuve que pasar muchas horas para poder aprenderlo. El ser cocinero es sumamente absorbente, tanto que a veces se nos olvida el significado de una Navidad en familia, o la boda de tu mejor amiga o el cumpleaños de algún ser querido. Sin embargo, con el tiempo las cosas mejoran. Es sólo cuestión de encontrar el punto exacto donde uno quiere estar. Aquí hay de todo y para todos: desde estar en los restaurantes y hoteles, trabajar en cruceros, dedicarse a los banquetes, ser chef personal o investigador gastronómico entre otras.

Para mi fue clave el tener la oportunidad de crear este proyecto para la gente que gusta del buen comer. Por primera vez en más de una década puedo disfrutar a mi familia y amigos. Soy dueña de mi tiempo y tengo la libertad de hacer lo que me gusta. Estoy más en contacto con mis clientes con los cuales paso momentos muy agradables. Y claro, nada de esto fue fácil. Hubo que apostar mucho pero ha valido la pena.

Así que te vuelvo a preguntar: ¿Seguro que quieres ser cocinero? No te dejes apantallar por que ahora está de moda o porque crees que vas a salir en la TV. Todos o la gran mayoría de los chef famosos han pasado por más de lo que tu crees. Se necesita de mucha pasión, temple, perseverancia y amor por la cocina.